Anoche, despues de escribir un rato en esta pagina me volvia a ver la television. estaban emitiendo una pelicula hispano-mejicana llamada "y tu mama tambien" protagonizada por Maribel Verdu y Gael Bernal.
Una de las escena me dio una razon mas para seguir enamorado de C. No me habia dado cuenta hasta ese momento, pero C -que esta fantastica- tiene el culo como Maribel Verdu.
Yo me enamore de la Verdu y de su delicioso culo hace muchos años. Creo que fue en "amantes" aunque donde mas me gusto es en "Belle Epoque" cuando tirada boca abajo en la cama lloraba descololada, y su magnifico trasero se movia acompasadamente con sus llantos. Luego me parecio fantastico en directo, cuando una mañana de julio lo descubri en vivo, atrapado por un minimo tanga en las playas de Alfaz del Pi.
Pues bien, C tiene el culo como ella: ligeramente bajo y coronando unas piernas no muy largas, pero con una redondez exquisita que te hace desconectar del mundo, al momento de verlo desnudo frente a ti.
Como la cosa de la tele se alargo, y mientras terminaba una botella de Malta que tenia a mano, me colge de un reportaje sobre Belladona y Nacho Vidal. Nada especialmente romantico -ni mucho menos-. Por el contrario fue una impresionante leccion de porno como no habia visto hasta entonces.
El resultado de la combinacion entre ambas cosas y el guisqui ha sido una noche cargada de sueños eroticos xxx. Como consecuencia he comenzado a escribir un relato bastante subido de tono, tanto que no me atrevo a publicarlo.
Por el momento.
lunes, 8 de octubre de 2007
domingo, 7 de octubre de 2007
La quiero. Y siempre la querre
Te quiero C. y desearia que lo pudiera saber todo el mundo. Pero no de una forma virtual, sino de manera personal. Dicho uno a uno. Dicho al oido, con la seguridad de quien sabe que todos lo van a entender. Con la firmeza de quien esta seguro. Con la pasion de quien se sabe capaz. Con la entrega de quien se sabe perdido. Con la rebeldia de quien confia en la victoria. Con amor. Con todo mi amor.
Creo que ya he decidido la banda sonora de nuestra boda. Yo soy un profesional de la organizacion, y cuido los detalles. Con tiempo. Con mucho tiempo.
Creo que ya he decidido la banda sonora de nuestra boda. Yo soy un profesional de la organizacion, y cuido los detalles. Con tiempo. Con mucho tiempo.
sábado, 6 de octubre de 2007
Y yo, ¿donde voy?
Tal y como teníamos previsto, hoy hemos almorzado juntos. Hemos tenido que esquivar a una de sus antiguas secretarias y a otros conocidos, pero por fin hemos conseguido compartir juntos un entrecot y unos calamares.
Resulta curioso: me paso la vida escondiéndome del resto de mundo, disimulando y tratando de disuadir cualquier sospecha sobre nuestra relación –exrelación- y luego me siento aquí y cuento hasta los detalles mas nímios de mis sentimientos y de nuestra historia.
Hoy me he sentido muy miserable. Supongo que nada tengo que ver con los héroes de Sir Walter Scott. No tengo ni el coraje ni la integridad de Rob Roy, ni la valentia de Ivanhoe. He dejado pasar la encrucijada de mi vida a cambio de un cierto nivel de bienestar, emocional y económico.
A estas alturas del partido, un buen número de mis amigos y compañeros han alcanzado lo que socialmente admitimos como el éxito. Unos por ser realmente inteligentes –brillantes, algunos-, otros por ser muy, pero que muy, listos y otros por ser muy, pero que muy, poco íntegros.
Yo, tal y como queda reflejado en estas paginas, solo soy bastante gilipollas. No doy para inventar, ni para crear, ni para organizar, ni para robar. Así que me he quedado donde estoy. Eso si, muchos acuden a mi en busca de consejo (¿?) y otros simplemente para que los escuche. Unos y otros acaban ganando pasta y yo apenas quedo en el papel de confesor.
Se que soy bueno en mi trabajo. Claro que solo lo se yo, pero eso no basta. No soy brillante, ni genial. Y cuando uno vive en el entono de la creatividad, de la comunicación, o de las relaciones públicas, lo único que no puede ser es efectivo, por que los efectivos resuelven y los creativos triunfan. Uno de los ejemplos mas claros es el amigo creativo de C. una tal ….P.
El tipo además de ser “superidealdelamuerte” y bastante –del todo- gay, es un creativo. No es malo, al contrario esta situado en la parte más alta del escalafón de la creatividad de nuestro entorno –la quinta provincia de España en población y el culo de Europa en creatividad-.
Junto a el se mueve, torpe y pausadamente, una de las mejores personas que yo he conocido nunca. Digamos que se llama S y que siempre tiene una palabra amable, un gesto cariñoso y un criterio empresarial mucho, pero que mucho, mas humano que sus amos. Pues bien, esos 150 Kg. de buena gente, han pasado a segundo plano –o tercero o cuarto- en cuanto ha aparecido el superguaydelamuerte de su creativo.
Esta misma sensación la puedo repetir con nombres y apellidos, de tipos con los que he crecido, aprendido, trabajado y servido. Así que con el paso de los años me siento una mierda. Una mierda debidamente pisada y arrastrada.
A lo largo de los últimos 25 años he trabajado para un montón de gente. Comencé en la política –siempre con los perdedores- en el lejanísimo año 81. Trabajé para líderes locales, provinciales y autonómicos. Participé en congresos, fui miembro de Comités Ejecutivos Nacionales, Provinciales, etc.…
De todo eso solo saque retrasos en mis estudios, algunas juergas –importantes- y un par de amigos (2, literalmente). Después trabaje, estudie, me hice sindicalista, asesor de nosequien, y finalmente eso que soy ahora y que no se bien que es.
En ese tiempo muchos florecieron en el camino. Ganaron, crecieron y triunfaron. Pero como muy acertadamente dice Woody Allen en “Manhattan”: los triunfadores no tienen pasado. Al cabo de los años descubro que he trabajado para mucha gente que no me ha pagado, ni me pagara y casi ni me recuerda -interesadamente-.
Quizá esa es una de mis escasas virtudes, mi capacidad para asesorar a la gente a la que aprecio. Los americanos, que son muy listos, han hecho de eso una profesión: los personal coaching.
Se trata de tipos que te aconsejan sobre todos los aspectos de tu vida: como vestir, con quien tratar, tu trabajo perfecto, que deporte hacer, como ligar, como abordar tus relaciones personales, con quien follar, etc.… Vamos, son como un amigo, pero cobrando. Yo debo de ser una especie de personal coaching. Pero gratis y con poco futuro.
Cuando conocí a mi mujer, lloraba en una esquina del patio de la facultad de derecho porque un profesor bujarra y cura –a la vez- le había suspendido el Derecho Romano. Era la primera vez que suspendía, la primera vez que alguien la ridiculizaba en público –era un examen oral- y la primera vez que fracasaba.
Me enterneció verla allí, sola, jodida y llorando. La convencí de que se equivocaba. Que no debía dar “un paso atrás ni para tomar impulso”. La ilustre sobre mis cuatro sucesivos fracasos en la misma asignatura. Le confesé de que el muy bujarrón me había intentado meter mano –era mi vecino en la playa y juro por dios o por quien sea que me toco el culo, y que me invito mas de una vez a repasar en su casa (seis pisos arriba de la mía)- .
Se calmo, se rió y nos fuimos a tomar una cerveza –lo único que yo hacia bien en aquella maldita facultad- y al final de aquella tarde de julio, ella había decidido –una vez mas- que seria abogada.
Hoy es una de las mejores –de las 3 mejores- profesionales del derecho de familia de nuestra provincia. Y aunque pueda parecer petulante, una de las mejores cien abogadas de este país en el ámbito del derecho de familia. Es extraordinariamente inteligente, es rápida, hábil, conoce su materia y sobre todo es terriblemente eficaz.
Sin duda todo son meritos suyos, pero quiero creer que en algo he participado yo. Durante todo el tiempo –solteros, casados, padres- la he apoyado, he tratado de simplificar las cosas, he asumido la mayor parte de las tareas de intendencia y he tratado de llevar mi casa como un buen padre y un buen amo de casa.
Sin embargo, si mañana decidiera presentar una demanda de divorcio perdería mi casa, perdería a mi hijo, perdería mi posición social, perdería un porcentaje elevadísimo de mis ingresos. En resumen, perdería mi vida. Tendría que volver a casa de mi madre con cuarenta y muchos años, sin un duro y debiendo hasta el “traje que me viste”, como dijo el poeta.
Ya se que es una pobre excusa –casi miserable, lo reconozco- pero no soy capaz de renunciar a TODO, absolutamente, a todo lo que he construido a lo largo de estos años. Se que Rob Roy lo hizo, y se alzó en armas contra el tirano deudor. Pero yo no tengo ni la talla física, ni la talla moral de héroe escocés. Por eso me siento una mierda.
Por eso y porque hoy he descubierto que hace un año que C, en su afán de acabar conmigo –con nuestra relación- estuvo apuntó –casi deseosa- de comenzar un idilio con alguien a quien yo apreciaba, muy sinceramente. Me pregunto, si tal era el deseo, ¿no seré yo una mala influencia para ella? ¿una relación nociva, inadecuada?
Que hoy haya huido a los brazos de un hombre libre y deseoso de tener pareja, no me parece criticable, es lógico: ella busca estabilidad, permanencia y cariño –casi conyugal-. Lo que me mata es que hace poco mas de un año, cuando comenzó a negarme el sexo, se lanzara a los brazos de un tipo –igual de casado que yo- pero mucho mas sinvergüenza.
Pasado el tiempo me pregunto ¿Qué era yo entonces para ella?
¿que coño he hecho yo a lo largo de mi miserable vida?
Resulta curioso: me paso la vida escondiéndome del resto de mundo, disimulando y tratando de disuadir cualquier sospecha sobre nuestra relación –exrelación- y luego me siento aquí y cuento hasta los detalles mas nímios de mis sentimientos y de nuestra historia.
Hoy me he sentido muy miserable. Supongo que nada tengo que ver con los héroes de Sir Walter Scott. No tengo ni el coraje ni la integridad de Rob Roy, ni la valentia de Ivanhoe. He dejado pasar la encrucijada de mi vida a cambio de un cierto nivel de bienestar, emocional y económico.
A estas alturas del partido, un buen número de mis amigos y compañeros han alcanzado lo que socialmente admitimos como el éxito. Unos por ser realmente inteligentes –brillantes, algunos-, otros por ser muy, pero que muy, listos y otros por ser muy, pero que muy, poco íntegros.
Yo, tal y como queda reflejado en estas paginas, solo soy bastante gilipollas. No doy para inventar, ni para crear, ni para organizar, ni para robar. Así que me he quedado donde estoy. Eso si, muchos acuden a mi en busca de consejo (¿?) y otros simplemente para que los escuche. Unos y otros acaban ganando pasta y yo apenas quedo en el papel de confesor.
Se que soy bueno en mi trabajo. Claro que solo lo se yo, pero eso no basta. No soy brillante, ni genial. Y cuando uno vive en el entono de la creatividad, de la comunicación, o de las relaciones públicas, lo único que no puede ser es efectivo, por que los efectivos resuelven y los creativos triunfan. Uno de los ejemplos mas claros es el amigo creativo de C. una tal ….P.
El tipo además de ser “superidealdelamuerte” y bastante –del todo- gay, es un creativo. No es malo, al contrario esta situado en la parte más alta del escalafón de la creatividad de nuestro entorno –la quinta provincia de España en población y el culo de Europa en creatividad-.
Junto a el se mueve, torpe y pausadamente, una de las mejores personas que yo he conocido nunca. Digamos que se llama S y que siempre tiene una palabra amable, un gesto cariñoso y un criterio empresarial mucho, pero que mucho, mas humano que sus amos. Pues bien, esos 150 Kg. de buena gente, han pasado a segundo plano –o tercero o cuarto- en cuanto ha aparecido el superguaydelamuerte de su creativo.
Esta misma sensación la puedo repetir con nombres y apellidos, de tipos con los que he crecido, aprendido, trabajado y servido. Así que con el paso de los años me siento una mierda. Una mierda debidamente pisada y arrastrada.
A lo largo de los últimos 25 años he trabajado para un montón de gente. Comencé en la política –siempre con los perdedores- en el lejanísimo año 81. Trabajé para líderes locales, provinciales y autonómicos. Participé en congresos, fui miembro de Comités Ejecutivos Nacionales, Provinciales, etc.…
De todo eso solo saque retrasos en mis estudios, algunas juergas –importantes- y un par de amigos (2, literalmente). Después trabaje, estudie, me hice sindicalista, asesor de nosequien, y finalmente eso que soy ahora y que no se bien que es.
En ese tiempo muchos florecieron en el camino. Ganaron, crecieron y triunfaron. Pero como muy acertadamente dice Woody Allen en “Manhattan”: los triunfadores no tienen pasado. Al cabo de los años descubro que he trabajado para mucha gente que no me ha pagado, ni me pagara y casi ni me recuerda -interesadamente-.
Quizá esa es una de mis escasas virtudes, mi capacidad para asesorar a la gente a la que aprecio. Los americanos, que son muy listos, han hecho de eso una profesión: los personal coaching.
Se trata de tipos que te aconsejan sobre todos los aspectos de tu vida: como vestir, con quien tratar, tu trabajo perfecto, que deporte hacer, como ligar, como abordar tus relaciones personales, con quien follar, etc.… Vamos, son como un amigo, pero cobrando. Yo debo de ser una especie de personal coaching. Pero gratis y con poco futuro.
Cuando conocí a mi mujer, lloraba en una esquina del patio de la facultad de derecho porque un profesor bujarra y cura –a la vez- le había suspendido el Derecho Romano. Era la primera vez que suspendía, la primera vez que alguien la ridiculizaba en público –era un examen oral- y la primera vez que fracasaba.
Me enterneció verla allí, sola, jodida y llorando. La convencí de que se equivocaba. Que no debía dar “un paso atrás ni para tomar impulso”. La ilustre sobre mis cuatro sucesivos fracasos en la misma asignatura. Le confesé de que el muy bujarrón me había intentado meter mano –era mi vecino en la playa y juro por dios o por quien sea que me toco el culo, y que me invito mas de una vez a repasar en su casa (seis pisos arriba de la mía)- .
Se calmo, se rió y nos fuimos a tomar una cerveza –lo único que yo hacia bien en aquella maldita facultad- y al final de aquella tarde de julio, ella había decidido –una vez mas- que seria abogada.
Hoy es una de las mejores –de las 3 mejores- profesionales del derecho de familia de nuestra provincia. Y aunque pueda parecer petulante, una de las mejores cien abogadas de este país en el ámbito del derecho de familia. Es extraordinariamente inteligente, es rápida, hábil, conoce su materia y sobre todo es terriblemente eficaz.
Sin duda todo son meritos suyos, pero quiero creer que en algo he participado yo. Durante todo el tiempo –solteros, casados, padres- la he apoyado, he tratado de simplificar las cosas, he asumido la mayor parte de las tareas de intendencia y he tratado de llevar mi casa como un buen padre y un buen amo de casa.
Sin embargo, si mañana decidiera presentar una demanda de divorcio perdería mi casa, perdería a mi hijo, perdería mi posición social, perdería un porcentaje elevadísimo de mis ingresos. En resumen, perdería mi vida. Tendría que volver a casa de mi madre con cuarenta y muchos años, sin un duro y debiendo hasta el “traje que me viste”, como dijo el poeta.
Ya se que es una pobre excusa –casi miserable, lo reconozco- pero no soy capaz de renunciar a TODO, absolutamente, a todo lo que he construido a lo largo de estos años. Se que Rob Roy lo hizo, y se alzó en armas contra el tirano deudor. Pero yo no tengo ni la talla física, ni la talla moral de héroe escocés. Por eso me siento una mierda.
Por eso y porque hoy he descubierto que hace un año que C, en su afán de acabar conmigo –con nuestra relación- estuvo apuntó –casi deseosa- de comenzar un idilio con alguien a quien yo apreciaba, muy sinceramente. Me pregunto, si tal era el deseo, ¿no seré yo una mala influencia para ella? ¿una relación nociva, inadecuada?
Que hoy haya huido a los brazos de un hombre libre y deseoso de tener pareja, no me parece criticable, es lógico: ella busca estabilidad, permanencia y cariño –casi conyugal-. Lo que me mata es que hace poco mas de un año, cuando comenzó a negarme el sexo, se lanzara a los brazos de un tipo –igual de casado que yo- pero mucho mas sinvergüenza.
Pasado el tiempo me pregunto ¿Qué era yo entonces para ella?
¿que coño he hecho yo a lo largo de mi miserable vida?
viernes, 5 de octubre de 2007
Un amor civilizado
Ayer cené con ella y hoy también almorzaremos. Me gusta la sensación de complicidad que se mantiene entre nosotros. Al parecer yo me he convertido en un tipo muy “civilizado”
Hemos hablado de sexo. Y en concreto del sexo con su novio. No lo hemos hecho de forma explicita y transparente –hasta ahí podíamos llegar!- pero han quedado claras muchas cosas.
Desde luego ha quedado claro que hay sexo entre ambos –vaya descubrimiento- lo que también me ha quedado claro es que hay buen sexo. Si he de ser sincero, eso me jode, me jode mucho. Pero claro, como soy tan “civilizado”, tan europeo, pues me tengo que aguantar. Creo que incluso me jode más que le llame para darle las buenas noches.
El sexo era algo importante entre nosotros. Se que si volvemos a estar juntos lo volverá a ser. Era tierno, sensible y cariñoso. Pero también era lúdico, intenso, kañero, salvaje, agotador. Ahora entiendo –a la fuerza ahorcan- sus sentimientos cada vez que yo hacia un viaje de fin de semana con mi mujer o cada vez que salíamos de fiesta con amigos o cuando pasábamos unos días fuera de casa y sin niño.
Nunca lo hablamos –ella no habla de estas cosas- pero ambos sabíamos que ese fin de semana yo practicaría el sexo conyugal. Mientras ella “arreglaba su casita, tra lara larita” –como la ratita presumida-. Nunca se quejó. No tuvo un mal gesto. No hizo ningún comentario. Si acaso algún mohín o una mirada esquiva.
Supongo que donde las dan las toman y callar es bueno. No obstante, sigo esperando que llegue el día en el que pueda volver a tener sexo con ella, el día en el que pueda estar con ella siempre y disfrutar de su cuerpo y de su alma.
Y con toda sinceridad: me da igual lo que haya hecho antes.
Yo soy muy bueno en el sexo. Tengo pruebas y partenaires que lo podrían corroborar.
Hemos hablado de sexo. Y en concreto del sexo con su novio. No lo hemos hecho de forma explicita y transparente –hasta ahí podíamos llegar!- pero han quedado claras muchas cosas.
Desde luego ha quedado claro que hay sexo entre ambos –vaya descubrimiento- lo que también me ha quedado claro es que hay buen sexo. Si he de ser sincero, eso me jode, me jode mucho. Pero claro, como soy tan “civilizado”, tan europeo, pues me tengo que aguantar. Creo que incluso me jode más que le llame para darle las buenas noches.
El sexo era algo importante entre nosotros. Se que si volvemos a estar juntos lo volverá a ser. Era tierno, sensible y cariñoso. Pero también era lúdico, intenso, kañero, salvaje, agotador. Ahora entiendo –a la fuerza ahorcan- sus sentimientos cada vez que yo hacia un viaje de fin de semana con mi mujer o cada vez que salíamos de fiesta con amigos o cuando pasábamos unos días fuera de casa y sin niño.
Nunca lo hablamos –ella no habla de estas cosas- pero ambos sabíamos que ese fin de semana yo practicaría el sexo conyugal. Mientras ella “arreglaba su casita, tra lara larita” –como la ratita presumida-. Nunca se quejó. No tuvo un mal gesto. No hizo ningún comentario. Si acaso algún mohín o una mirada esquiva.
Supongo que donde las dan las toman y callar es bueno. No obstante, sigo esperando que llegue el día en el que pueda volver a tener sexo con ella, el día en el que pueda estar con ella siempre y disfrutar de su cuerpo y de su alma.
Y con toda sinceridad: me da igual lo que haya hecho antes.
Yo soy muy bueno en el sexo. Tengo pruebas y partenaires que lo podrían corroborar.
jueves, 4 de octubre de 2007
LO QUE YO TUVE (¿tengo?) CONTIGO
ahora que paso
que ya el tiempo se a cargado nuestro amor
es ahora que tu y yo
comprendemos que dejarnos fue un error
momentos que viví
imposibles de volver a repetir
esas cosas de los dos
que buscamos desde entonces pero no
lo que yo tuve contigo fue un enredo tan divino
que en la vida no podré olvidar
fue la gloria, y fue un infierno
fue tan loco y fue tan tierno
que se sufre cuando ya no esta
lo que yo tuve contigo
tuvo clase tuvo estilo
y eso nunca lo podrás negar
aunque estemos separados
cada uno por su lado
es difícil olvidar
ahora escúchame
ya no hay nada que decirnos ni que hablar
y tu sigues donde estas
yo me quedo donde estoy que es mi lugar
la vida ha sido así
y lo nuestro ya es pasado ya no esta
no podemos recordar si la vida nos encuentra una vez mas
lo que yo tuve contigo
fue un enredo tan divino
que en la vida no podré olvidar
fue la gloria, y fue un infierno
fue tan loco y fue tan tierno
que se sufre cuando ya no esta
lo que yo tuve contigo
tuvo clase, tuvo estilo
y eso nunca lo podrás negar
aunque estemos separados
cada uno por su lado
es difícil olvidar
Jose Feliciano
Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión, pero no consigo pasear por ninguna calle sin encontrar algo que no me parezca perfecto para ella. Da igual que sea una sortija, una chaqueta, un bolso o un maquillaje. Hasta las tapas de un bar o los panes en una panadería. Lo miro y de inmediato veo como le sentaría a ella, si le gustaría o como lo miraría.
Tengo que dejar de hacerlo, lo sé, pero el verdadero problema es que hace tiempo que veo el mundo por y para sus ojos. Pienso desde su perspectiva, a veces para adaptar el entorno a sus gustos, y otras para transformarla haciendo que haga suyo lo que a mí me gusta.
Se que no puedo/debo seguir dibujando figurines mentales en cada escaparate, pero cada vez que veo una falda de tubo, unas sabrinas, una blusa blanca –camisera, eso si- o unas botas negras, en seguida imagino como le sentaría y calibro si es para ella o no. Pienso como le quedaría el pelo mas corto, como seria si lo tiñera de caoba. No se, casi cualquier cosa me lleva a imaginarla a ella.
Últimamente he extendido ese hábito al cine, a la literatura o a la música. Ahora cada letra, cada libro o cada película me llevan a pensar en ella. Mención aparte merecen las músicas bailables –merengues, bachatas, salsas, boleros, etc...- Cuando escucho a Juan Luis Guerra o a Luis Miguel del Amargue, me muero por arrastrarla hasta un espacio mínimamente despejado y juntando nuestros cuerpos, dejarnos llevar por la música.
Supongo que la felicidad es algo así.
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